Cortesía o traición

Diversos acontecimientos recientes me han hecho pensar sobre la cortesía. Cuando está presente, agrada sin apenas notarse y su ausencia chirría.

Sólo la palabra ya dice mucho. Remite directamente a “usos de la corte”. El término francés para cortesía es “politesse”, es decir, “usos de la polis o de la ciudad” y, en ese sentido, se parece más al español “urbanidad” o “usos de la urbe o ciudad”.

Hay, en definitiva, una referencia al comportamiento cuando estamos con otras gentes (en la corte, en la ciudad), es decir, un comportamiento que hace posible la convivencia civilizada. Por eso la cortesía remite a un trato tan cordial como formal, tan afectuoso con las personas como atento a las reglas (de urbanidad, tacto, elegancia).

La cortesía hace amable la vida junto a otros, porque la cortesía, más que poner el acento en un conjunto de reglas que dirigen nuestro comportamiento se centra en los demás. Cortesía es, sobre todo, miramiento, respeto, atención a la otra persona. La persona cortés mira a los ojos y sonríe, ¿qué más se puede pedir? Mirar a los ojos, tratar a los demás con miramiento crea, en efecto, el campo de juego que permite que los demás se relajen y haya una apertura mutua, confianza de los unos en los otros, respeto y otros tantos nombres para esa actitud esencial.

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Una corona para Peligros

¡Siempre te recordaremos!

La muerte, como un rayo, ha segado de un duro manotazo la vida de Peligros Nicolás.

Joven, con una marcada vocación de servicio, entendió siempre que lo bueno tenía que compartirse y su dedicación a la informática la llevó a ser una entusiasta de las nuevas tecnologías en cuanto que permitían, precisamente, ser cauce para la difusión de conocimientos, proyectos y experiencias. Tenía una visión entusiasta de la gente y de la vida. Quizá eso explique lo que probablemente sea su don más genuino: poner siempre su enorme caudal de inteligencia y capacidad al servicio de los demás.

Peligros era siempre una buena noticia. Irradiaba su pasión y dinamismo a quienes tuvimos la suerte de compartir proyectos con ella.

Ha disfrutado de la vida, daba la impresión de estar muy contenta, satisfecha. Se ha ido llena de felicidad.

Cuando la invité a participar en el grupo Giges, aceptó inmediatamente. Ya la conocía de antes, habíamos compartido varios proyectos juntos. Recuerdo uno que fue particularmente mal, al borde del desastre. Quedamos para ver qué había pasado, qué podíamos hacer. Peligros insistió en que el proyecto valía la pena y, por tanto, aunque hubiese que empezar desde cero, adelante, porque la idea era excelente aunque hubiésemos tenido un tropiezo.

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Negro muerde perro y otros cuentos progres

Bertrand O,Dongo es camerunés, un negro. Así como suena. Podemos decirlo sin (excesivo) temor a la censura progre porque el muchacho es de Vox. En caso contrario, los de la corrección política nos obligarían a denominarlo “persona de color”. Un negro, como les decía. Circula por la mar oceána del internet un vídeo en que los de la monserga progre pacifista insultan a unos chicos de Vox con todo el repertorio: facista, xenófobo, ¡¡¡racista!!!, le dicen a Bertrand. Y él responde: “pero ¡si soy negro!”. Y la progresía, que nunca dejará que la realidad le estropee un buen insulto responde rápidamente: “racista con los pobres”.

Bertrand se equivoca. No porque no sea negro, que eso lo ve hasta un progre. Se equivoca porque “racista” es un insulto, no una descripción de la posición mantenida por él o su partido. Sería, para entendernos, como si cuando el ingenioso hidalgo llama hideputa a cualquier malandrín, éste procediese a mostrar la estricta virtud de su santa madre. Si te llaman hideputa o racista no hay defensa posible: te han endosando un sambenito y no hay silogismo que lo levante, ni bálsamo de Fierabrás que lo cure.

Miren si no qué pasa con todos los partidos (los serios, los democráticos, fetén y feministas) cómo doblan el espinazo ante el protocolo impuesto por la delegación iraní de visita al Parlamento. El parlamento, presido por una diputada socialista (fémina y portadora del frasco de las esencias feministas, al decir de Calvo) acepta sin pestañear que las diputadas españolas no den la mano a los briosos varones iraníes, ni mirarlos siquiera no vaya a ser que la liemos parda. Y eso, como digo, no tuvo lugar en Villavieja de la Ramblasalá donde el concejal tuvo un día tonto paseando el rebaño: en el Parlamento, representando (y humillando) a todos los españoles. Pero no pasa nada porque ellos se llaman feministas y así lo repiten los medios de manipulación masiva. Sólo el partido machista y racista, sólo Vox impidió la humillación a los españoles y a España.

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«…las cosas del votar»

Si queremos recoger sandías no conviene sembrar alfalfa. Se recoge lo que se siembra. Luego intervienen muchos factores: el clima, el suelo, los cuidados del agricultor y hasta la buena o mala fortuna. Pero hay un factor que no interviene para nada: la intención del sembrador. Si ha sembrado alfalfa con la intención de recoger sandías, podemos decir no sólo que no tendrá sandías sino que es idiota.

Al margen su intención, quienes han votado socialismo recogerán lo que siempre, inevitablemente, produce la izquierda: miseria económica (repunte del paro, vamos a tributar hasta por los regalos de boda, las empresas huirán y los más pobres perderán sus herencias). Sin irnos a Venezuela o Cuba, en España fue así con Felipe González que dejó la enseñanza iniciando su descenso a los infiernos y un paro brutal. Fue así con Zapatero quien casi quiebra el país (acuérdense de la prima de riesgo). Y será así con Pedro Sánchez. Y cada vez que se apliquen políticas socialistas.

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El perro de Maluma

La llamada clase política no goza de buena prensa. Es frecuente hablar de ellos en términos despectivos, como una panda de rascaboinas. No digo que sea verdad. Digo que a veces se detecta esa opinión, a sabiendas de que la opinión (por pública que sea) no tiene por qué coincidir con la verdad.

Sorprende, por eso, que cuando los políticos se ponen de acuerdo, entonces empiezan a tener más que buena prensa: los medios de comunicación les hacen la ola. Que es como si un acuerdo entre mafiosos fuera, sólo por haberlo pactado, digno del Nobel de la paz. La sabiduría popular, tan certera como puñetera, va por otro lado cuando sentencia aquello de reunión de pastores, oveja muerta.

Y así ocurre que los denostados cuatro partidos que integran la Asamblea han pactado el nuevo Estatuto que pondrá a Murcia en la Champions League de las autonomías. Y sólo por eso, los rascaboinas se transforman en “sus señorías”. Si no, miren la prensa estos días. Comprobarán que nadie (nadie que cuente, se entiende; ninguno de los nuestros, claro) nadie escatima alabanzas al pacto. Y así le andan, felices los cuatro, legislando tó el rato, a ritmo de Maluma baby. Y es que este pacto estatutario, a estas alturas, podría dar la impresión de que el mismo perro de Maluma ha marcado el territorio y que los cuatro son tal para cual, Maluma dixit.

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