Hagan juego, señores

Los políticos nos están fallando y lo saben. Son demasiado egoístas y sólo miran por sus propios intereses. ¿Y no es acaso lícito pensar en uno mismo? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Constituye un argumento insultantemente superficial relacionar las elevadas dosis de egoísmo imperantes en nuestra sociedad con el orden social liberal instaurado en nuestras democracias. Además, a la vista de las declaraciones de unos y otros, resulta que o todos son liberales, cuando de sus propias ideas se trata o, en cambio, hablamos de acabar con ese ‘liberalismo de amiguetes’ cuando nos referimos a las ideas o prácticas de otros que no son los míos. Relacionar egoísmo con liberalismo a través del individualismo podría llevarnos a defender regímenes que hoy por hoy han quedado obsoletos. Por nadie pase.

Y es que, como todo en la vida, los medios no justifican el fin ¿o era al revés? No es lo mismo ser egoísta pensando en acaudalar riquezas a cualquier precio, alcanzar prestigio pasando por encima de cualquiera que pretenda cruzarse en el camino, que ser egoísta cuando tu propósito pasa por hacer el bien a los demás, por procurar poner toda la razón y sabiduría al servicio de los otros, llegando incluso a procurar el bien del otro antes que el propio. Y aquí ya es donde se va reduciendo el espectro de liberales.

Al igual que los políticos también los abogados, los economistas, los escritores, periodistas y una gran parentela, reconocida por el prestigio acumulado en sus respectivas especialidades, estamos cayendo en la zafia brega de engrosar la lista de criticones mayores del reino sin aportar nada en condiciones a las nuevas generaciones.

Debo este artículo a mis alumnos de Economía Mundial. Ellos han sido los que plantearon una serie de temáticas de interés a plantear al mundo. Tras verme obligado a rechazar la propuesta de Marina, porque realmente sé bastante poco de influencers, y reservándome para un futuro las propuestas de Juan Francisco, dado que sus éstas dan hasta para una tesis doctoral, decido escribir basándome en las reflexiones realizadas por Pedro Arturo que, sin duda alguna, hacen que cualquiera clame al cielo.

El sector de los juegos de azar ‘ha movido’ en el año 2017 la friolera de 53.370 millones de euros. Para hacernos una idea podríamos comprar unos 13 Real Madriles, unos 10 FC Barcelonas, incluidos jugadores, estadio, etc. y para los que no sean futboleros? podríamos ayudar a salir de la pobreza extrema aproximadamente a setenta millones de personas en el mundo.

El número de salones de juego en la Región de Murcia se ha incrementado más de un 12% en 2017. En apenas tres años el incremento de las cantidades apostadas online se ha incrementado más de un 400% y a ver quién es el valiente que sale a la calle, comienza a andar y no se encuentra con algún salón de juego en menos de dos minutos. Y de la publicidad en la tele ya ni te cuento.

El número de ludópatas se cuenta ya por ‘cientos de miles’ y lo más grave es que, cada vez más, no tienen ni tan siquiera 18 años. A todos esos casos que hunden a sus familias por gastar los ingresos en juegos se unen, cada vez más, los jóvenes. No hay discriminación: clase alta, media o baja, trabajador, ni-ni o universitario, si hay que engañar a la familia, se la engaña, si hay que fumarse las clases particulares y gastar el dinero en apuestas, se hace, si hay que pedirle un extra al abuelo para cubrir, supuestamente, un gasto extraordinario, se pide, e incluso, si hay que sisar algo pues se sisa y al salón de juego.

Nos estamos dejando la vida y los recursos en educar a nuestros hijos en la excelencia, les damos todo lo que está en nuestra mano. En más ocasiones de las deseadas, las familias llegan al límite por poder dotar a los jóvenes de un horizonte de tranquilidad y estabilidad futura pero como andamos tan preocupados en ser egoístas, no dejamos de reclamar de los políticos aquello que nos apremia hoy olvidando los riesgos del mañana: ¡hay que incrementar el PIB! ¡Deme usted más becas! ¡más ayudas! Y claro, como la recaudación de impuestos del juego se la suelen quedar las Comunidades autónomas, pues nos viene bien que haya algo en la hucha y nada que objetar, así puedo seguir pidiendo. Que no falte.

La excelencia no se demuestra con argumentos sobre la legalización de las drogas o la prostitución, ni echándole la culpa al liberalismo. Para llegar a la excelencia es labor necesaria (aunque no suficiente) ser digno y de recta virtud: que cuando actuemos, pensemos en cuál es el verdadero motivo y las consecuencias de nuestro oficio, en el ‘para que’ de nuestro cometido y no vayamos por la vida como divos de lo nuestro y mendigos de lo ajeno. Ese egoísmo sí que vale, lo demás, hipocresía. Seguro que más de uno se siente aludido ¿qué te apuestas?

Publicado en La Opinión de Murcia.

Rubén Martínez

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