Maternidad postergada

La maternidad tardía o postergada es un fenómeno en alza gracias a que hemos aumentado nuestra esperanza de vida y a que los avances científicos, médicos y tecnológicos posibilitan gestar a edades cada vez más avanzadas. Sin embargo, la decisión de retrasar al máximo la maternidad, aunque para muchos suponga un gran progreso humano, suele estar condicionada por circunstancias personales o por situaciones de inestabilidad laboral, precariedad económica o estilos de vida que dificultan la concepción y la crianza de hijos. Circunstancias que, unidas a la exigencia de compatibilizar la carrera profesional y la organización laboral con la vida familiar, suponen un serio obstáculo para poder ser madre a edades más tempranas, justamente cuando el reloj biológico marca el nivel de la plenitud, de lo idóneo o de lo funcionalmente recomendable.

Ser madre primeriza por encima de los 40 años, o incluso a edades más elevadas, llegando incluso a estados postmenopáusicos, por encima de los 50 o 60 años, es un reto al que muchas mujeres se enfrentan hoy día. Además de los riesgos obstétricos asociados a la maternidad tardía; diabetes gestacional, hipertensión arterial, anomalías cromosómicas,… Ser madre a partir de esas edades resulta más problemático e incluso traumático cuando se constata que resulta fisiológicamente imposible o cuando se interpreta como un error de planificación cronológica el no haber sido madre antes o, peor aún, cuando se vivencia como un fracaso personal. Tanto es así, que cuando no se logra un embarazo de manera natural, se buscan otras alternativas para la búsqueda del hijo (adopción nacional o internacional, fecundación in vitro, maternidad subrogada o subrogación uterina, etc.) o, sencillamente, por duro que cueste asumirlo, se renuncia a ello.

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Una corona para Peligros

¡Siempre te recordaremos!

La muerte, como un rayo, ha segado de un duro manotazo la vida de Peligros Nicolás.

Joven, con una marcada vocación de servicio, entendió siempre que lo bueno tenía que compartirse y su dedicación a la informática la llevó a ser una entusiasta de las nuevas tecnologías en cuanto que permitían, precisamente, ser cauce para la difusión de conocimientos, proyectos y experiencias. Tenía una visión entusiasta de la gente y de la vida. Quizá eso explique lo que probablemente sea su don más genuino: poner siempre su enorme caudal de inteligencia y capacidad al servicio de los demás.

Peligros era siempre una buena noticia. Irradiaba su pasión y dinamismo a quienes tuvimos la suerte de compartir proyectos con ella.

Ha disfrutado de la vida, daba la impresión de estar muy contenta, satisfecha. Se ha ido llena de felicidad.

Cuando la invité a participar en el grupo Giges, aceptó inmediatamente. Ya la conocía de antes, habíamos compartido varios proyectos juntos. Recuerdo uno que fue particularmente mal, al borde del desastre. Quedamos para ver qué había pasado, qué podíamos hacer. Peligros insistió en que el proyecto valía la pena y, por tanto, aunque hubiese que empezar desde cero, adelante, porque la idea era excelente aunque hubiésemos tenido un tropiezo.

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¿Por qué votamos otra vez el domingo?

El aguerrido bolso de Soraya defendiendo la democracia.

Algunos dicen que votamos porque los políticos son incompetentes y no saben hacer su trabajo. Otros porque no quieren ponerse de acuerdo. Y casi todos coincidimos en que son demasiadas elecciones en poco tiempo. Y qué lástima de “perras” y de tiempo invertido en campañas electorales que se suceden con obscena normalidad como si se tratara de una nueva edición de Gran Hermano. Si yo fuera progresista contaría cuántos comedores sociales o becas de estudios podrían mantenerse al año con lo que cuestan unas elecciones. Si no lo hacen es porque en esta ocasión la pelota estaba en el tejado de la izquierda.

Al margen de opiniones, hay hechos incontestables que no deben pasarse por alto. El primero es la ineficaz ley electoral que padecemos en España y que algún día sabremos por qué no hay interés en debatirla y menos en cambiarla. El segundo es esta concatenación de acontecimientos: El Partido Popular gana las elecciones generales el 20 de diciembre de 2015 obteniendo 123 diputados en el Congreso por 90 del PSOE, seguidos de Podemos y Ciudadanos con 42 y 40 escaños respectivamente. Los números no dan al partido ganador para garantizar la investidura ni mucho menos para conformar una mayoría estable de gobierno. Por tanto, se pide al PSOE que al menos se abstenga en la investidura, siendo la respuesta nones. Seis meses después, otras elecciones generales con 137 diputados para el Partido Popular y 85 para el PSOE. La aritmética sigue siendo insuficiente y en esta segunda ocasión, previa dimisión de un Pedro Sánchez al que la realidad le da urticaria, una mayoría de diputados del PSOE se abstienen para que esta vez sí haya gobierno en España.

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«Ipad» para todos, bajadas de impuestos y más subvenciones: «default»

Ay, Boabdil, Boabdil…

No son pocos los que me preguntan si es verdad que se atisba en el horizonte otra crisis económica y si esta va a ser aún más dura que la anterior. Ya hemos sacado a Franco del Valle de los Caídos y todos nuestros problemas han quedado resueltos. Podemos afirmar que, venga o no venga crisis, los españoles somos felices, ya no tenemos problemas.

Visto desde una perspectiva más estrictamente económica, hablar de felicidad se torna ciertamente difícil. Existen varias formas de analizar la felicidad, y si no me creen, piensen en cómo están enseñando a sus hijos a ser felices: uno puede buscar que sus hijos sean felices dándoles todos los caprichos que se le pasen por la cabeza o bien pueden procurar que sean felices con lo que tienen enseñándoles a esforzarse por conseguir cuantas metas quieran conseguir. Y entre una y otra opción, las que se le ocurran a cada uno. Por esta razón, dado lo relativo del término, a los economistas nos gusta más hablar de bienestar.

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El talento está de moda

¿Quiere ser un modista talentoso? Empiece por aprender a enhebrar la aguja. Palabra de Caprile.

El pasado domingo conseguí madrugar y pasarme por el Murcia Shops Forum. En parte atraída por la curiosidad de saber qué se cuece en relación con la tecnología y el pequeño comercio, y en parte para disfrutar de orgullo puente-tocinero al escuchar en la mesa redonda la intervención del CIO de Liwe Española.

Me quedé dándole vueltas a la frase de Ana Martínez, Consejera de Empresa, Industria y Portavocía, «tenemos un problema: LA FUGA DE TALENTO.» Esta palabra está de moda en todos los discursos, TALENTO. Hablamos de la necesidad del talento, que si hay que atraerlo, que si hay que apoyarlo… En muchas ocasiones asociándolo al talento artístico, que si la música, el cine, el diseño, etc. Esta palabra debe trascender todas las áreas del conocimiento humano y calar en la sociedad. Para que a estos discursos se añadan propuestas, actuaciones que sirvan de apoyo real, que ayuden a potenciar el talento de nuestra región y sirva de palanca para el despegue socioeconómico. ¿Cómo evitar la fuga de talento? ¿Cómo retener el talento? ¿Y si empezamos cultivándolo desde la tierna infancia?

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