Las ideologías y el planeta de los simios

Imágenes tomadas de https://www.forocoches.com/foro/showthread.php?t=6823137

En Estados de derecho democráticos, nuestro comportamiento trasciende al egoísta racional. Nos preocupamos por los demás. Experimentos con chimpancés mostraron que se comportaban más ajustados a la teoría del egoísmo racional que los humanos. No tenemos menos racionalidad; somos más sociales. La realidad supera a la teoría. Como la Ciencia se aproxima a lo real rechazando empíricamente lo falso, es honesto cambiar la teoría cuando queda refutada. En cambio, las ideologías, como revelaciones, hacen lo contrario: mutilan la realidad que no cuadra. Las teorías científicas son falseables, según Popper.

Ante “los cisnes son blancos” debemos buscar cisnes negros. Las ideologías corren a pintarlos de blanco o aniquilarlos. Evitan que la realidad fastidie una teoría social. Cuando Milgram presentó su experimento, muchos aseguraron que apenas un 2 ó 3% (como Simón) aplicarían corrientes mortales al entrevistado. Se equivocaron. Un 62% pasaba a modo agente olvidando sus reparos morales. Se reconsideró la teoría del carácter marginal de la maldad humana. En “Eichmann en Jerusalén”, Arendt propuso el concepto de banalidad del mal; marcos totalitarios propiciarían que personas no psicópatas obrasen el mal banalmente. Alivia vivir en una sociedad sin estos marcos, todavía.

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Ad limitem

Hace diecinueve años, el atentado de las Torres Gemelas cambió cómo entendíamos el mundo en el cauce de la globalización. La humanidad se congregaba como espectador común ante la retransmisión de un acontecimiento que ponía en evidencia la vulnerabilidad. Mientras cientos de personas se precipitaban al vacío entre los colosos del comercio mundial, se desmoronaba la esperanza de un nuevo siglo sin las masacres del anterior. Nuestra aparente sensación de seguridad se evaporaba tan rápido como en la película Funny Games de Haneke. Un límite a nuestro mundo cambiaba nuestra forma de entenderlo y de relacionarnos. No sólo en lo geopolítico, también en lo individual. Todos pasamos a ser potenciales terroristas a los que cachear al subir a un avión.

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¡Están locos estos postmodernos!

Si un ciudadano de la antigua Roma viajase en el tiempo a nuestro mundo actual, francamente, no entendería gran cosa. Pero, tal vez, lo que más le chocaría sería nuestro modelo de persona de éxito instalado en nuestra memoria colectiva, aceptado socialmente y propagado por los medios de comunicación.

Ensalzamos al hombre de negocios que se rige por criterios economicistas y cuyo pulso de acero no tiembla. No es nada personal, just business. El romano nos miraría con cierto aire de desprecio y nos diría algo como stultorum. Y es que, para el mundo antiguo, la humanidad y la libertad comparecían en el ocio y no en el negocio. La negación del ocio estaba relegada a quienes no disponían de libertad, a los esclavos. Eran los hombres libres quienes podían disfrutar por ley de las actividades lúdicas, el arte, la filosofía, la música. Los esclavos servían en la administración de los bienes de la domus siendo el atriense el esclavo de mayor rango y confianza. Así pues, desde su mentalidad, nos consideraría unos auténticos fracasados. Lejos de conquistar nuestra libertad para el ocio, la empleamos para pretender, como mucho, ser simples atrienses. Unos pardillos, vamos. Continuar leyendo «¡Están locos estos postmodernos!»

El talento y la pura suerte

Cuando aquel tímido chaval de ocho años andaba todo el día dando balonazos frente al bar de su abuelo, por las calles del pueblo de la Mancha o en el colegio en sus ratos libres, tuvimos suerte de que sus padres, humildes y trabajadores, resolvieran inscribirlo en las pruebas de selección de las categorías inferiores del Albacete Balompié. Vieron su pasión y potencial y creyeron en él. Podían haberse echado atrás, por si le quitaba tiempo de estudio y deberes. Pero no.  Y tuvimos suerte.

A los doce años, compaginando colegio y fútbol a 44km de casa, un ojeador de un club de primera le ofreció un proyecto deportivo y escolar adaptado para que pudiera mejorar su rendimiento y estudiar. Tan joven, temeroso y no sin sacrificio personal optó por ese proyecto que huía de la uniformidad del sistema educativo para  seguir un camino que no sabía adónde le iba a llevar. Y tuvimos suerte de que así fuera.

Cuando en los momentos más duros de soledad del chaval, en una ciudad diferente, un sistema diferente, alejado de su familia, su tenacidad le permitió persistir. Y todos los españoles tuvimos mucha suerte.

Ese chaval, con alta capacidad deportiva e inteligencia futbolística, se convirtió en uno de los jugadores más brillantes de nuestro fútbol coronando su carrera no sólo con múltiples títulos para el equipo que lo fichó, sino también con el gol de la final de la Copa del Mundo un 11 de julio de 2010. Continuar leyendo «El talento y la pura suerte»

Si Orwell conociera Twitter…

En el mundo antiguo, se forjaban mitos para dar respuesta a cuestiones sociales y vitales de nuestra naturaleza humana. En nuestro mundo globalizado, persiste la creación de relatos pero no para ofrecer respuestas. Nuestra capacidad de cuestionar la realidad está en extinción. En su lugar, los relatos sirven para construir realidades no para explicar las existentes. El experimento radiofónico de Orson Wells en 1938, que recreó la novela de H.G. Wells “La guerra de los mundos” como acontecimiento real, constató que la realidad social se construye. Muchos vivieron como real la invasión alienígena y actuaron bajo el pánico. Los mass media se revelaron determinantes para que los relatos se constituyeran en la argamasa de la realidad. 

Por aquel entonces, George Orwell, que se había alistado a la Guerra Civil para defender la República ante la ola de fascismos que azotaban Europa, conseguía huir de una Barcelona caótica perseguido por camaradas de su propio bando. Sufrió en primera persona el acoso por realidades alejadas de la Verdad que propagaban ambos bandos. La posverdad no es algo nuevo. Orwell se llevó una experiencia inolvidable que plasmaría en su “Homenaje a Cataluña” y diez años después sería fuente para su célebre obra, “1984”. Su gran preocupación, incluso más que la propia guerra, fue cómo el totalitarismo deforma la Historia para someter el futuro. Continuar leyendo «Si Orwell conociera Twitter…»