La coleta de un chino

El maestro Ortega advertía en 1937 que “Europa no despertará hasta que no vea asomar la coleta de un chino por encima de los Urales”.

Podemos decir que Ortega era consciente entonces de dos cosas, al menos. Una, de que una Europa enfrascada en una espiral fratricida acabaría desangrándose y perdiendo su vitalidad, cercenando su propio porvenir. Dos, que existía un “peligro amarillo” y que éste sería una especie de revulsivo, de advertencia, de factor unificador. La “coleta del chino” era una señal de peligro, pero también abría la posibilidad a una esperanza. Es muy difícil quitarle la razón en lo primero. Pero, ¿y en lo segundo? ¿qué hay hoy de todo aquello? Preguntarse esto en 2021 da risa. Europa, la Europa de la mercadotecnoburocracia, convertida en un gigantesco parque temático para viajes del Imserso y en el Tinder de las becas “Orgasmus”, enfangada, envejecida y destartalada, en estado de shock continuo, cada vez más cerca del fallo multiorgánico, frente a todo y frente a todos, se yergue con dignidad yaciente en medio de un mar de aguas sucias y apestosas, como Venecia, mientras por sus canales se van acumulando las ratas, la suciedad, las casas abandonadas y las ventanas desvencijadas. Europa, la Europa de papel, no ha reaccionado ante ninguna coleta china, asomase esta por los Urales o por los Andes, aunque estuviera llena de piojos.

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A cada uno, lo suyo

Casi todo ha cambiado en muy poco tiempo. Otra cosa muy distinta son nuestras estrategias de adaptación a los cambios, que no cambian: nuestro parloteo, nuestra crítica acrítica y nuestra ferocidad lenguaraz siguen incólumes.

No podemos quejarnos del alarmismo de nuestro gobierno, ni mucho menos, que teniendo bien presente lo que estaba pasando en Italia, Irán o China ha desperdiciado un par de semanas, como poco, en demorar una respuesta lo suficientemente contundente para “aplanar la curva” de contagios, evitar muertes y el colapso de las camas de UCI, aunque ahora lloriquee. Pero tan extremados son los bandazos del Gobierno de España como los de los gobernados.

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Dos necesidades

Benito Espinosa (1632-1677)

Con las siguientes palabras acaba una serie, cuyo título me guardo, pero que reconocerán rápidamente aquellos que la hayan visto:

«A muy pocos les importa la verdad. Pero la verdad siempre está ahí, la veamos o no, la elijamos o no. A la verdad no le importa lo que necesitamos. No le importan los gobiernos, ni las ideologías, ni las religiones. Nos esperará eternamente. Y este es el regalo de ‘XXXX’: antes temía el precio de la verdad; ahora sólo me pregunto cuál es el precio de la mentira»

(Nota: Uso ‘XXXX’ con un fin de reserva, con tal de no hacer «espóiler». Si no ha visto la serie, para que mejor nos entienda, sustituya usted ‘XXXX’ por cualquier catástrofe personal o pública en el que haya sido determinante la mentira).

Y es realmente sorprendente que en este mundo de la «poh·verdá» una serie de televisión, provista por una plataforma por internet, cultura de masas del siglo, se dedique a exponer con toda crudeza las consuetudinarias obscenidades que, ordinariamente «en nombre del pueblo» y «los derechos y libertades de los ciudadanos y las ciudadanas», se perpetran cuando cerramos nuestros ojos a la verdad.

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La verdad de Sileno

‘Sileno y sus sátiros’, Cima da Conegliano, Museo de Arte de Filadelfia

Un antiguo precursor de la igualdad de género fue Sileno, el dios de los bosques, el dios de la embriaguez, el dios que, siempre borracho, se desplazaba o apoyado en otros o a lomos de un borrico. El rey Midas quería oír su sabiduría y con artimañas (prometiéndole darle a beber un buen Jumilla) lo llevaron ante su presencia. Completamente ebrio, como no podía ser de otra forma, éste les dio la primera lección: “Lo mejor para todos los hombres y mujeres es no nacer.” Ante el estupor del rey por estas palabras aprovechó para endiñarse otro trago de aquel licor de dioses con que lo embaucaron y, una vez medio recompuesto, se aprestó a volver a hablar: “Lo segundo mejor es, una vez nacido, morir tan rápido como se pueda”. El rey no podía ni tragar saliva. ¿Será por esta historia por lo que se dice que “los borrachos siempre dicen la verdad”? Vamos a ver.

Se atribuye a James Dean una moderna versión muy conocida que dice “Vive deprisa, muere joven y harás un bonito cadáver” aunque en realidad no es suya sino de Nick, un apuesto y joven personaje de la película “Llamad a cualquier puerta” (Nicholas Ray, 1949) quien, al enterarse de que su novia-amante se ha quedado embarazada y ante la insistencia de ésta de tener al bebé para formar una familia él le espeta: “¡No! Nada puede frenarme ya. A partir de ahora viviré a lo loco. Vale ya lo que yo decía. Vive deprisa, muere joven, etc…”. Vamos, que no estaba el muchacho para irse a ganar el pan de sus hijos ni andar cambiando pañales.

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El lugar más peligroso del mundo

Niña mutante, por Patricia Piccinini

El lugar más peligroso del mundo no es Corea del Norte, con sus campos de concentración en activo en pleno 2018. Ni Caracas, con sus 130 homicidios por cada cien mil habitantes. Ni siquiera se trata de algún recóndito lugar perdido en la selva amazónica o centroamericana controlado por el narco o las maras. Tampoco está en los escenarios donde se desarrollan las guerras de Siria, Sudán del Sur o la República Centroafricana. Ese lugar está en Portugal. Está en Francia. Está en EEUU. Está en Italia. Está en Nueva Zelanda. Ni siquiera la ruleta rusa es tan peligrosa. Se trata del vientre materno.

Veamos el caso español. En los vientres maternos españoles se da una mortalidad del 20%, aunque sabemos que es superior. Es decir, que muere uno de cada 5 niños concebidos. 94123 fueron abortados el pasado año. Según los datos oficiales el 89,75% de las mujeres lo hace “a petición propia”; el 62,79% no había abortado voluntariamente antes y un 24,41% lo hace por segunda vez; el 53,53% de las mujeres que abortan ya tienen, al menos, un hijo; el 58,39% trabaja por cuenta propia o ajena y el 80,25% tiene, al menos, un nivel de instrucción equivalente a ESO o superior.

La estadística también recoge los métodos anticonceptivos que pudieron haber sido empleados. De esos datos, llaman poderosamente la atención los siguientes: que 39796 abortos se produjeran después de usar métodos anticonceptivos, de barrera y hormonales, principalmente (¿somos tan estúpidos que no sabemos usarlos bien? ¿no funcionan tan eficazmente como nos dicen? ¿nos da igual, en realidad? ¿todo a la vez?) y que 33688 abortos (35,79%) se hayan producido sin tratar de evitar el embarazo por medio de ningún método anticonceptivo (¿tenían muchas ganas de ser madres y luego se arrepintieron? ¿son producto de un apasionadísimo e irresistible “spanish love”?). En los 20639 restantes no consta método anticonceptivo. Nos imaginamos que los datos no deben ser extraordinariamente distintos para los otros casos comentados. Continuar leyendo «El lugar más peligroso del mundo»