Memoria fin de curso

¿Es verdad que cuando hablamos de enseñanza secundaria la ideología y la metodología opacan la importancia de los contenidos y de los hábitos académicos? ¿Es verdad que los alumnos llegan a esta etapa con un desarrollo muy pobre en la anterior? ¿Es verdad que ley educativa tras ley educativa, éstas se lo ponen cada vez más difícil a profesores y alumnos? ¿Es verdad que las autoridades no invierten lo suficiente en recursos? ¿Es verdad que se produce una hipertrofia de algunos contenidos, materias y programas (las TIC, el bilingüismo) en detrimento de otros elementos igualmente valiosos? ¿Es verdad que muchos padres usan los institutos como aparca-adolescentes? ¿Es verdad que entre el profesorado hay mucho agente político, agente de viajes y animador sociocultural? ¿Es verdad que los profesores adocenados matan las ganas de aprender y la curiosidad de cualquiera? ¿Es verdad que, entre los profesores, algunos han tirado la toalla? ¿Es verdad que algunos docentes se deprimen, con sus visiones pesimistas, cuando no hueramente melancólicas? ¿Es verdad que la inflexibilidad laboral y la rigidez burocrática lo vuelven casi todo imposible? ¿Es verdad que a veces parece que en la enseñanza no hay más que papeleo?¿Es verdad que nadie se toma nada en serio y que las evaluaciones a veces son un remedo, una broma o un cachondeo? ¿Es verdad que está todo contra la enseñanza secundaria? Y, en fin, ¿es verdad que en los institutos está todo mal?

Pues lo digo descarnadamente. Sí, casi todo es verdad. Son procesos destructivos reales. No son una interpretación. No hay más ciego que el que no quiere ver.

Continuar leyendo «Memoria fin de curso»

Agenda 2030, ya en cines

Si muchos tiranos muertos y enterrados pudieran darse una vuelta por nuestras sociedades de hoy quedarían maravillados ante los últimos avances de su especialidad. Resulta que no hacía falta reprimir, oprimir ni suprimir la libertad de sus paisanos. Lo que hacía falta era pregonarla como valor absoluto. Tampoco era necesario usar el casposo recurso del “amor a la patria” y los valores que encarnaba tu raza, tu tradición y tu cultura. Era mucho mejor idolatrar al individuo, colocarlo en un pedestal, reconocer que no había nada por encima ni de éste ni de su libertad y entonar juntitos de la mano loas a grito “pelao” por el progreso, la fraternidad y la multiculturalidad. ¿Que a dónde voy a parar? Comprueben ustedes mismos.

Resulta que las legislaciones de las sociedades más avanzadas protegen contra viento y marea los derechos individuales. Sin embargo, nadie osa oponerse al “bien común” cuando este los pisotea (aunque la expresión “bien común” encierra no pocos galimatías y sirve como pretexto las más de las veces en que se usa) ni a los “derechos colectivos que establecen discriminaciones positivas. Hubimos de conocer los horrores de la experimentación con humanos en la Segunda Guerra Mundial para dar lugar a toda una serie de recomendaciones (Nuremberg, Helsinki, Oviedo…) y legislaciones nacionales e internacionales que protegieran los derechos de los usuarios de los servicios de salud a ser informados, decidir y dar su consentimiento antes de todo procedimiento para que ahora nos obliguen a recibir sin preguntarnos terapias y medicamentos meramente experimentales.

Continuar leyendo «Agenda 2030, ya en cines»

La coleta de un chino

El maestro Ortega advertía en 1937 que “Europa no despertará hasta que no vea asomar la coleta de un chino por encima de los Urales”.

Podemos decir que Ortega era consciente entonces de dos cosas, al menos. Una, de que una Europa enfrascada en una espiral fratricida acabaría desangrándose y perdiendo su vitalidad, cercenando su propio porvenir. Dos, que existía un “peligro amarillo” y que éste sería una especie de revulsivo, de advertencia, de factor unificador. La “coleta del chino” era una señal de peligro, pero también abría la posibilidad a una esperanza. Es muy difícil quitarle la razón en lo primero. Pero, ¿y en lo segundo? ¿qué hay hoy de todo aquello? Preguntarse esto en 2021 da risa. Europa, la Europa de la mercadotecnoburocracia, convertida en un gigantesco parque temático para viajes del Imserso y en el Tinder de las becas “Orgasmus”, enfangada, envejecida y destartalada, en estado de shock continuo, cada vez más cerca del fallo multiorgánico, frente a todo y frente a todos, se yergue con dignidad yaciente en medio de un mar de aguas sucias y apestosas, como Venecia, mientras por sus canales se van acumulando las ratas, la suciedad, las casas abandonadas y las ventanas desvencijadas. Europa, la Europa de papel, no ha reaccionado ante ninguna coleta china, asomase esta por los Urales o por los Andes, aunque estuviera llena de piojos.

Continuar leyendo «La coleta de un chino»

A cada uno, lo suyo

Casi todo ha cambiado en muy poco tiempo. Otra cosa muy distinta son nuestras estrategias de adaptación a los cambios, que no cambian: nuestro parloteo, nuestra crítica acrítica y nuestra ferocidad lenguaraz siguen incólumes.

No podemos quejarnos del alarmismo de nuestro gobierno, ni mucho menos, que teniendo bien presente lo que estaba pasando en Italia, Irán o China ha desperdiciado un par de semanas, como poco, en demorar una respuesta lo suficientemente contundente para “aplanar la curva” de contagios, evitar muertes y el colapso de las camas de UCI, aunque ahora lloriquee. Pero tan extremados son los bandazos del Gobierno de España como los de los gobernados.

Continuar leyendo «A cada uno, lo suyo»

Dos necesidades

Benito Espinosa (1632-1677)

Con las siguientes palabras acaba una serie, cuyo título me guardo, pero que reconocerán rápidamente aquellos que la hayan visto:

«A muy pocos les importa la verdad. Pero la verdad siempre está ahí, la veamos o no, la elijamos o no. A la verdad no le importa lo que necesitamos. No le importan los gobiernos, ni las ideologías, ni las religiones. Nos esperará eternamente. Y este es el regalo de ‘XXXX’: antes temía el precio de la verdad; ahora sólo me pregunto cuál es el precio de la mentira»

(Nota: Uso ‘XXXX’ con un fin de reserva, con tal de no hacer «espóiler». Si no ha visto la serie, para que mejor nos entienda, sustituya usted ‘XXXX’ por cualquier catástrofe personal o pública en el que haya sido determinante la mentira).

Y es realmente sorprendente que en este mundo de la «poh·verdá» una serie de televisión, provista por una plataforma por internet, cultura de masas del siglo, se dedique a exponer con toda crudeza las consuetudinarias obscenidades que, ordinariamente «en nombre del pueblo» y «los derechos y libertades de los ciudadanos y las ciudadanas», se perpetran cuando cerramos nuestros ojos a la verdad.

Continuar leyendo «Dos necesidades»