El deber de los niños

«El Mundo Today», ojo.

La próxima semana comienzan las vacaciones de Navidad, y muchos alumnos de Primaria, tras recoger sus boletines de notas, se llevarán a casa una buena cantidad de deberes para hacer en vacaciones, a pesar de haberlo aprobado todo.

Curiosamente, nuestro país se sitúa a la cola de los países avanzados, en cuanto al rendimiento escolar se refiere, a pesar de que nuestros alumnos son los que tienen más días de clase y, también, los que más tiempo dedican a las tareas escolares en casa. De hecho, no hay ninguna evidencia científica de que los deberes mejoren el rendimiento académico. Incluso, algunos sostienen que los deberes son inútiles, antipedagógicos e injustos, y lo que es más importante, defienden que son perjudiciales porque impiden a los niños realizar otras actividades más importantes para su crecimiento y maduración.

Pero analicemos con detalle los argumentos que suelen esgrimirse en defensa de las tareas escolares:

Se suele afirma que los deberes contribuyen a la adquisición de un hábito de trabajo. ¿Es que el trabajo diario en clase no es suficiente para adquirir este hábito? ¿No necesitan, igual que los adultos, desconectar del trabajo al llegar a casa?

También se defiende que los deberes enseñan responsabilidad. ¿Pero se debe exigir esta cualidad a quien por su edad no es dueño de su tiempo ni de sus circunstancias? La responsabilidad se adquiere progresivamente, y es normal que se empiece a demandar en la ESO; pero en Primaria, el tiempo del que disponen los niños fuera de clase no depende de ellos, sino de sus padres.

Por último, se afirma que los deberes refuerzan lo aprendido. Pero ¿no es posible que los deberes, más bien, hagan que el niño aborrezca lo aprendido en clase?

Por otro lado, debemos tener en cuenta que los deberes que se mandan son, por regla general, los mismos para todos los escolares, independientemente de su capacidad, de sus necesidades y de sus motivaciones. Esto es, por definición, absurdo. Pero además es injusto, si tenemos en cuenta que las circunstancias personales de cada niño son muy diferentes. Así, muchos padres tienen que ayudar a sus hijos con las tareas escolares para que sus hijos no vivan amargados, con horarios más propios de adultos, y puedan realizar otras actividades tan importantes para su desarrollo, si no más, pero que sobre todo son más gratificantes. Sin embargo, ¿qué pasa con los niños cuyos padres trabajan todo el día o carecen de estudios para ayudar a sus hijos? Pues que el sistema educativo los estigmatiza como niños irresponsables y malos estudiantes, condenándolos, en muchos casos, al fracaso escolar temprano.

Además, los deberes pueden ser antipedagógicos porque hacen que los alumnos odien estudiar y aprender. Pero lo peor de todo es que los deberes ocupan tanto tiempo, que los escolares no pueden realizar otras actividades más importantes para su desarrollo físico y psíquico, lo que provoca que lleven una vida tan sedentaria como algunos adultos.

No debemos olvidar que los niños necesitan tener tiempo libre para socializarse y desarrollar su imaginación y su creatividad; pensemos, además, que el arte, la filosofía, la ciencia, la literatura, la música y todas las manifestaciones más sublimes del intelecto humano, son consecuencia directa del mayor logro conseguido por la humanidad: el tiempo de ocio. Muchos estudios sostienen que los mayores beneficios para el desarrollo infantil se obtienen con las siguientes actividades: deporte, música, juego, aprendizaje de idiomas y lectura. Por lo tanto, los niños deberían pasar más tiempo con sus familias (divirtiéndose, pero también colaborando en las tareas domésticas que no se enseñan en el colegio), jugar con otros niños y practicar mucho deporte; además, sería bueno que aprendieran a tocar un instrumento, practicaran otro idioma o jugaran al ajedrez. Pero, sobre todo, en la base de todos los aprendizajes posteriores se encuentra la lectura. Tal vez la única obligación escolar, para casa, debería ser la de leer el libro que cada niño eligiera, para al día siguiente, en el colegio, hacer una redacción contando lo que ha leído. Y eso es justo lo que las nuevas tecnologías han desterrado del ocio de los menores.

Publicado en La Verdad de Murcia (18/12/2021)

Alfonso González

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