Ahora toca ahorrar

La principal diferencia entre los mejores y el resto está en la capacidad de ahorro y en la gestión del mismo. Si ahorras tendrás éxito en la vida y como no ahorres, como tengas los bolsillos llenos de agujeros, lo vas a pasar verdaderamente mal, independientemente del nivel retributivo y estatus que puedas llegar a alcanzar con tu puesto de trabajo.

La covid-19 ha provocado que las tasas de ahorro hayan crecido exponencialmente tanto en España como en el resto de países y, según las previsiones, podríamos llegar a cerrar el año con tasas de ahorro en torno al 20%.

En España se ahorra poco en comparación con los países con los que pretendemos compararnos y a los que muchos ponen como ejemplo. Bien es cierto que el ahorro creció en la segunda mitad del año 2019 pero no es menos cierto que tal crecimiento deviene de la incertidumbre generada por la inestabilidad política y ralentización del crecimiento del año pasado.

El confinamiento ha provocado que el consumo caiga en vertical, con el pertinente perjuicio a empresas y autónomos. Tal caída del consumo ha motivado que las familias se dediquen a guardar, vaya a ser que vengan mal dadas. Este hecho, absolutamente racional, se va a prolongar más allá del periodo de vuelta a la normalidad; sobre todo, porque no tenemos ni idea de si vamos a tener que volver a confinarnos, porque desconocemos la magnitud del descalabro económico y porque ni tenemos vacuna ni la sociedad se va a poder considerar inmunizada hasta tiempo después de disponer de esta. Por lo tanto, no piensen que cuando levanten el confinamiento nos vamos a tirar todos a la calle a recuperar todo lo que no hemos consumido, sino que nos daremos algún que otro homenaje, dentro de la normalidad, pero con un ojo puesto que la próxima que nos va a caer.

Ahora bien ¿es bueno que se ahorre mucho, dada nuestra tendencia a ahorrar poco y teniendo en cuenta la importancia de la tasa de ahorro para la Economía? Para contestar a esta pregunta tenemos, necesariamente, que introducir al actor principal de política económica, eso es, el Gobierno, y se me ponen los pelos como escarpias.

El ahorro es bueno, eso está claro, si bien es cierto que, como todo en la vida, no es cuestión de ser extremista: si ahorráramos todo lo que ingresamos no consumiríamos nada y si no consumimos nada nuestras empresas no producirían y si no producen no pueden mantener a sus trabajadores, y así. Por lo tanto, lo ideal es llegar a una combinación optima entre consumo y ahorro que permita a los ciudadanos consumir “todo” lo que desean y, a la vez, puedan ahorrar parte de su renta, que está directamente ligada a la inversión que realizan las empresas. Y por eso es tan importante que la tasa de ahorro suba y que, después de esta crisis covid-19 la tasa de ahorro crezca, al menos, cinco puntos en comparación con la del año pasado. Una subida de cinco puntos sería posible si lo que ahora hemos ahorrado no se gasta, sino que somos capaces de reservar para el ahorro un poco más de lo que solíamos hacer antes de la crisis.

Si fuera automático, podríamos llegar a afirmar que algo bueno ha tenido el confinamiento, pero necesitamos de la acción de los gobernantes para que la jugada, al final, nos deje mejor de lo que estábamos antes del confinamiento. El gobierno tiene, cuanto menos, dos problemas a los que debe ofrecer debida respuesta, a saber: actuar de inmediato para amortiguar el parón de actividad y llevar al país a la senda y niveles de crecimiento que mantenía antes de la crisis.

Para acometer lo primero, es decir, actuar de inmediato para amortiguar el parón de actividad, bien puede el gobierno hacer todo lo que esté en su mano, si tiene que endeudarse, que se endeude. Ciertamente no nos hace ningún favor la política mantenida por el BCE durante estos últimos años, si bien, es ahora más que nunca, cuando está justificado un sobreendeudamiento para paliar los dramas familiares que está provocando esta crisis. Ahora bien, hay que ser riguroso y reconocer que esta moneda tiene otra cara y debemos alertar de que el país se hundirá si no se hacen una de estas dos cosas: o bien nos perdonan toda esa deuda que formalicemos motivada por esta crisis y destinada a paliar sus inmediatos efectos negativos, cosa que a mí personalmente me motiva poco, o bien acometemos, de una vez, un proceso de revisión global del gasto gubernamental eliminando todo gasto eliminable y poniéndose el cinturón desde la administración pública. Y es que aún no he visto, en este mi país, actuaciones de impacto relacionadas con la reducción de gastos: bajadas de sueldos, reducción de estructuras, eliminación de determinadas políticas superfluas, etc.

Por último, en relación a aquellas políticas que tiene que afrontar el gobierno para volver a estar como estábamos, o mejor si cabe, es donde resultará crucial que los políticos tengan las cosas claras y sepan hacia donde quieren guiarnos. Primero de todo, que esta crisis no sirva de excusa para empezar a regar el mercado con subvenciones improductivas y ocurrencias (de esas que están relacionadas con amiguetes) llevándonos a niveles de deuda insostenible y déficits descontrolados. Después, deben intentar canalizar el aumento del ahorro nacional hacia inversiones que hagan más fuerte y productiva nuestra economía. Tanto ahora como antes, la inversión en I+D+i, la actualización competencial de empleados y la reposición de activos por otros de última generación. Y como no estamos acostumbrados a ello, creo que es el momento ideal para lanzar un programa de desgravaciones fiscales tanto a empresas como a familias relacionadas con el destino de las inversiones en capital, es decir, que todo aquel que oriente ahorro hacia la mejora productiva, que invierta en nuevas formas de hacer las cosas, más sostenibles, más eficientes y que sitúen a nuestras empresas en las mejores condiciones para competir, y ganar. Si, efectivamente, bajar impuestos de forma generalizada y concretamente al ahorro podría ser la solución y ayudarnos a salir reforzados de esta crisis. Las familias españolas es lo mínimo que merecemos.

Publicado en La Opinión de Murcia

Rubén Martínez

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