¡Que viene la bichoburguer!

¡Comer insectos!, qué repugnante y asqueroso resulta escuchar esta expresión y, más aún, si tratan de convencernos de que son saludables, sabrosos y nutritivos. Pero igualmente repulsivo e inusual resulta encontrar productos en los supermercados, bares o restaurantes preparados en base a insectos, algo que nunca hubiésemos llegado a imaginar y que en la última década está causando furor entre algunos forofos de la cocina innovadora. La ingesta de invertebrados está creciendo a un ritmo vertiginoso en países subdesarrollados, pero se está haciendo un hueco en Europa y USA hasta el punto que algunas hamburgueserías están empezado a elaborar y vender la “bichoburger”.

El consumo de artrópodos (hormigas, moscas, mosquitos, escarabajos, arañas, escorpiones, cucarachas, avispas, hormigas, ciempiés, milpiés, grillos, gusanos, etc.), sobre todo los que poseen exoesqueleto, constituye para muchos habitantes de Asia, África, Suramérica y Oriente Medio, un auténtico manjar gastronómico. Aunque no hace falta irse tan lejos en la geografía, pues en el famoso mercado de La Boquería de Barcelona ya podemos encontrar piruletas de escorpión, hormigas caramelizadas, gusanos macerados o saltamontes braseados, como productos culinarios para gourmets o con supuestas propiedades terapéuticas o afrodisiacas.

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La trampa del peón

Muchos psicólogos se han planteado si se puede ser una persona normal y cometer crímenes horrendos, o si es posible ser una buena persona y colaborar por acción u omisión con la injusticia y la maldad. Como puso de manifiesto la filósofa Hanna Arendt en su libro Eichmann en Jerusalén, subtitulado La banalidad del mal, sí se puede. Y como demostraron numerosos experimentos (como el de Milgran o el de Zimbardo) este comportamiento es, de hecho, el más habitual.

Eichmann fue un militar de las SS condenado a muerte por su colaboración en el genocidio judío durante el régimen nazi. Pero, al contrario de lo que cabría esperar, este sujeto no era una mente perturbada que disfrutara con el sufrimiento ajeno. Ni siquiera se consideraba antisemita. Simplemente, fue un eficaz cumplidor de su deber; un capataz que cumplía órdenes con gran eficacia, sin cuestionarse la validez ética de las mismas. Pero sin llegar a tal extremo, es fácil comprobar que muy pocas personas se cuestionan la validez ética de sus acciones, y que una gran mayoría estaría dispuesta a colaborar con una injusticia, amparándose en la coartada psicológica de que ellos no son los responsables, sino meros cumplidores de las órdenes de sus superiores (lo que en psicología social se denomina “la trampa del peón”).

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Pájaros nacionalistas

Variantes dialectales principales de «els països catalans», según Tabarnia.org

El folclore de los campamentos de leñadores del norte de los Estados Unidos está lleno de extrañas criaturas que rivalizan con las que pueblan los bestiarios medievales europeos. Una de ellas es el pájaro goofus, un ave singular que, en palabras de Borges, “construye el nido al revés y vuela para atrás, porque no le importa adónde va, sino dónde estuvo”. Por eso el goofus es un pájaro nacionalista. Porque nada interesa más al nacionalismo que volver a unos orígenes siempre míticos e irreales en lugar de avanzar realmente. Lo estamos viendo estos días con la imposición por parte del PSOE, Compromís-Podemos y el PNV, nada menos que en la Mesa del Senado, de la ficción histórica de los “países catalanes”, un inexistente ente político que reemplaza la histórica Corona de Aragón con una entelequia lingüística, étnica y cultural que apesta a Europa de los años treinta con ruido de desfile al paso de la oca de fondo.

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Una ILP con truco

Conozco personas inteligentes, formadas intelectualmente y sensibles a los retos medioambientales de nuestro tiempo y de nuestra Región que han prestado su firma a la iniciativa de la Plataforma SOS Mar Menor para que éste tenga personalidad jurídica propia, como conozco a otras que también lo han hecho después de una vida esparciendo voluntaria y conscientemente colillas y latas de cerveza por sus playas y parajes. Creo, aceptando que pueden existir tantas motivaciones como personas firmantes, que a todos ellos les une una misma cosa: la rabia y la indignación tras años de desidia, promesas incumplidas e impostura de tantos responsables políticos. La cuestión es si ese estado de ánimo es el mejor consejero a la hora de otorgar semejante poder a sus promotores, a los que cabe reconocer una capacidad de trabajo y organización encomiables para llevar adelante su propuesta, que recién cumple su primera etapa con la presentación de más de medio millón de firmas que ahora hay que comprobar y depurar.

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La perversión del lenguaje

Orwell escribía en su novela 1984: “La filosofía del Partido negaba no solo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común”.  Este control de la sociedad del que habla Orwell se transmite a través de una jerga propia, la neolengua, que no son más que unas palabras que suenan bien, pero que nos impiden ver lo que hay detrás. Tres ejemplos actuales de esa manipulación del lenguaje.

Hace unos días el delegado del Gobierno en la Región de Murcia, José Vélez, dijo que se iba a combatir el abandono escolar. Desde luego que es loable la intención de que nuestros alumnos no dejen el sistema y sigan formándose. El problema viene en la letra pequeña. Las medidas que se proponen son la digitalización de los centros y más orientadores, palabras-talismán que impiden ver la realidad de los centros donde la solución no va por ahí. Desde hace 30 años está en vigor la LOGSE o leyes parecidas que nos han llevado a unos niveles educativos de los más bajos de la OCDE. Se ha rebajado la exigencia hasta límites insospechados. Los alumnos que proceden de clases más bajas no tienen opciones de subir en el ascensor social con su esfuerzo. Habrá que empezar a pensar que las soluciones al abandono deben pasar por otras medidas, como que los alumnos aprendan a leer y escribir correctamente, cosa que hoy día no ocurre y que los títulos que consiguen sean a través del esfuerzo.

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