¡Que viene la bichoburguer!

¡Comer insectos!, qué repugnante y asqueroso resulta escuchar esta expresión y, más aún, si tratan de convencernos de que son saludables, sabrosos y nutritivos. Pero igualmente repulsivo e inusual resulta encontrar productos en los supermercados, bares o restaurantes preparados en base a insectos, algo que nunca hubiésemos llegado a imaginar y que en la última década está causando furor entre algunos forofos de la cocina innovadora. La ingesta de invertebrados está creciendo a un ritmo vertiginoso en países subdesarrollados, pero se está haciendo un hueco en Europa y USA hasta el punto que algunas hamburgueserías están empezado a elaborar y vender la “bichoburger”.

El consumo de artrópodos (hormigas, moscas, mosquitos, escarabajos, arañas, escorpiones, cucarachas, avispas, hormigas, ciempiés, milpiés, grillos, gusanos, etc.), sobre todo los que poseen exoesqueleto, constituye para muchos habitantes de Asia, África, Suramérica y Oriente Medio, un auténtico manjar gastronómico. Aunque no hace falta irse tan lejos en la geografía, pues en el famoso mercado de La Boquería de Barcelona ya podemos encontrar piruletas de escorpión, hormigas caramelizadas, gusanos macerados o saltamontes braseados, como productos culinarios para gourmets o con supuestas propiedades terapéuticas o afrodisiacas.

Si hace unos pocos años era un escándalo encontrarse un insecto en nuestra comida, hecho que nos provocaba asco e inducía a pensar en putrefacción, intoxicación o falta de higiene en los alimentos, e incluso nos impelía a poner una reclamación al local para obtener algún tipo de compensación por el daño ocasionado, hoy día la cosa ha cambiado y mucho. Por paradójico y extraño que parezca, algunos restaurantes y tiendas de alimentación se dedican precisamente a eso: a servir o vender alimentos elaborados a partir de “bichos”.

De hecho, muchas corporaciones transnacionales (Nestlé, Unilever Group, Coca-Cola, PepsiCo, Mondelez International, Mars, Danone, Asociated British Food, General Mills, Kellogg´s, McDonal´s, etc.) y grandes cadenas de la industria alimentaria (Carrefour, Auchan, Big Foundation, etc.), ávidas de abrir nuevos mercados, están impulsando programas I+D para investigar sobre la alimentación del futuro, llegando a la conclusión de que producir y consumir insectos supondrá, además de un evidente soporte nutricional para los consumidores, una enorme rentabilidad económica y una disminución de la contaminación producida por las explotaciones agrícolas, avícolas, marítimas o ganaderas. Asimismo, están promoviendo la creación de granjas insectarias a gran escala destinadas a la producción, distribución y comercialización de insectos.

Al respecto, el 1 de enero de 2018 entró en vigor una normativa europea sobre la autorización y legalización de “nuevos alimentos” para el consumo humano (Reglamento UE 2015/2283), que incluía precisamente los insectos como parte de la comida habitual de los ciudadanos de la UE por su fácil digestibilidad y su alto valor calórico, vitamínico y proteínico. Asimismo, tanto la agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), han publicado sendos documentos en los que concluyen que los insectos son alimentos comestibles y para los consumidores y no representan ningún riesgo para la salud de las personas.

La entomofagia, concebida como el uso de insectos -crudos o cocinados- como fuente de alimentación para los seres humanos, ha estado y sigue estando presente en muchas culturas y supone un mercado potencial enormemente diversificado, no sólo por su número (los artrópodos representan el 80% de los animales del planeta), sino por su enorme variedad, hechos que han permitido que algunos científicos e investigadores preconicen que «los bichos” (enteros, triturados o como harina) serán la alternativa a las dietas tradicionales.

Desconocemos qué nos va a deparar el futuro en este ámbito de la comida saludable, exótica y ecosostenible, pero, siendo críticos, es preferible, al menos para mí, saborear un buen chuletón a la parrilla, una mariscada a la plancha o una dorada al horno, que zamparse una lombriz cocida, unas hormigas en salga picante o una ensalada de saltamontes aderezados con larvas deshidratadas y polillas espolvoreadas.

Que cada uno coma lo que quiera, faltaría más, para eso somos primates omnívoros, pero si hay que elegir entre ser o no “entomófogo”, “artropófago” o “insectariano”, ya sea por necesidad nutricional o por capricho, prefiero ser “entomofobo” y dejar la “entohamburguesa” o “bichoburguer” para paladares más refinados.

Publicado en La Verdad de Murcia (31/12/2021)

José García Férez

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