Días de clase

Ernesto Blanco: Sísifo.

Cualquier película de terror comparada con la rutina del trabajo se convierte en una sesión para niños.

La mayoría de los trabajos en nuestras sociedades modernas no dejan de ser rutinarios y repetitivos. Los días se amontonan y la expresión deja vù deja de tener sentido para un hombre encerrado en los muros de una fábrica, una oficina o un aula.

Como sostiene Albert Camus, los trabajadores no dejan de ser una variante del héroe griego Sísifo, condenado por los dioses a un castigo eterno: Subir una piedra hasta la cima de una montaña y dejarla caer para volver a subirla una y otra vez, en un ciclo eterno de rutinarias repeticiones.

¿Qué piensa Sísifo mientras vuelve a la parte baja de la montaña para empezar de nuevo? Piensa lo mismo que cualquier profesor cuando acaba el curso: «Todo está bien». A pesar de la conformidad y de la rutina, cada promoción no deja de ser única y cada adolescente una nueva oportunidad para comprender el mundo a través de su mirada rebelde.

Mientras espero llegar de nuevo a la falda de la montaña, recuerdo (a modo de discurso de clausura en el instituto Dr. Pedro Guillén de Archena, donde trabajo), lo que hace unos meses pensé cuando caminaba por su parte baja. Continuar leyendo «Días de clase»

La vida padre con las células madre

Las células troncales humanas, conocidas popularmente como ´células madre´ representan hoy día un filón científico y terapéutico realmente excepcional aunque su uso y obtención no están exentos de problemas médicos y jurídicos, sobre todo las que proceden de embriones humanos.

No faltan quienes piensan que, puesto que su uso puede ser la panacea de la medicina regenerativa, no hay más que hablar: nada de enredarse con cuestiones éticas, que vamos a lo que vamos. En esta línea, están proliferando clínicas que publicitan tratamientos milagrosos para patologías diversas (cáncer, diabetes, fracturas óseas, lesiones coronarias, paraplejias, Alzheimer, Parkinson, etc), antienvejecimiento o simples retoques estéticos. Parece que lo mismo valen para un roto que para un descosío y gracias a ellas nos cabe esperar una gran y larga vida: la vida padre gracias a las células madre, vamos.

Cuando digo ´simples retoques estéticos´ no pretendo quitarle importancia a la estética, ni mucho menos. Tampoco procede rebajar la ética, que está muy feo desvestir a un santo para vestir a otro. Y si la estética tiene que ver con cómo nos vemos y cómo nos ven los demás, la ética tiene que ver con qué hacemos y cómo somos. La cuestión ética se plantea porque sabemos que no todo lo que es (técnica o científicamente) posible es tolerable. En el caso que nos ocupa, el debate ético se plantea porque parece que hay ventajas (quizá no tantas ni tan milagrosas como dice la publicidad de las farmacéuticas) pero hay que trastear el embrión humano que es siempre asunto delicado. Continuar leyendo «La vida padre con las células madre»

Caminan entre nosotros

Al igual que ya hicieran en su momento ese puente de Londres o Las Ramblas de Barcelona, la cueva de Tham Luang se ha convertido estos días en otro escenario que nos ha vuelto a recordar eso que a veces olvidamos: los héroes sí existen. No esos que llevan capa y tienen súper poderes, ni tampoco esos millonarios y famosos que mitificamos a diario gracias a la prensa rosa y a la televisión. Me refiero a los otros. Los de verdad. Esos héroes anónimos, humildes, con cicatrices y con preocupaciones cotidianas que bien pueden parecerse a las nuestras.

Esos héroes, que son muchos, están entre nosotros. Más cerca de lo que pensamos. Seguro que conocemos a alguno. Son esos padres que se desviven para que sus hijos sean felices, esos abuelos que siempre están ahí, esos jóvenes que ceden su asiento en el bus o que ayudan a llevar las bolsas de la compra o esos niños que ayudan a sus compañeros de patio a levantarse si se caen. Personas que piensan en los demás, que ayudan a los demás y que, en algunos casos, no dudarían en jugarse la vida por los demás sin esperar nada a cambio. Esos son los verdaderos héroes. Continuar leyendo «Caminan entre nosotros»

Libertad, culpa y responsabilidad

La «manada» del pensamiento único en marcha.

Son tiempos extraños y de confusión. El término libertad nunca ha estado tan manoseado de forma pública ni tan usado como arma contra quienes no comparten las líneas oficiales de pensamiento dominante y publicado. Si Platón nos enseñó que la conquista de uno mismo es la victoria más grande que una persona puede conseguir en toda su vida, el “homo videns” está enterrando siglos de afianzamiento ético a marchas forzadas. La tormenta perfecta en la que la tradicional ignorancia popular hace tiempo que quedó superada por la mordiente y nociva indigencia intelectual de la élite política y académica, arrastrando ésta a aquella. No somos dueños de nosotros mismos, y necesitamos que otros nos marquen el camino constantemente, prostituyendo los conceptos que una vez nos hicieron ciudadanos libres.

La libertad necesita de algo fundamental para ser ejercida: la responsabilidad, que es intransferible e indelegable entre adultos. Un ejemplo de libro lo constituyen determinadas reflexiones escuchadas y leídas en todos los medios de masas y foros públicos a cuenta de los sucesos protagonizados por los miembros de la llamada Manada y la chica de la que abusaron, según recoge una sentencia de la Audiencia de Navarra. ¿Quién tiene la culpa de los hechos sucedidos y demostrados en la sentencia? Evidentemente, los desalmados autores de los hechos, condenados por ello a nueve años de cárcel. ¿De quién es la responsabilidad de que una chica de dieciocho años, que se encuentra sola, ebria y en una ciudad desconocida, eche a andar voluntariamente en ambiente distendido y propicio para toda clase de excesos con un grupo de chicos que son completamente desconocidos? Pues según las élites hembristas será cosa del heteropatriarcado o de algún micromachismo. Que si no es micromachismo no es el auténtico, parafraseando aquel célebre anuncio de coches de juguete. Continuar leyendo «Libertad, culpa y responsabilidad»

Leyes, ¿para qué?

Trabajo en un instituto de secundaria. Desde hace poco tiempo llevo las redes sociales de mi centro. Como parece natural en estos tiempos, muchos de nuestros alumnos son nuestros mayores seguidores en esos medios.

De vez en cuando he observado un mensaje que me llamaba la atención y que me avisaba de que un alumno cumplía años y me invitaba a felicitarlo. Lo asombroso era que su edad era siempre entre los veinte y treinta años, cuando nuestros alumnos tienen, en general, entre doce y dieciocho años. No he consultado la ley, ni pienso hacerlo, pero tiene toda la pinta de que para ser aceptados en esas redes se necesita tener una edad mínima. Y, como siempre, la sociedad mirando para otro lado.

Ante lo dicho, hay dos opciones. Si queremos hacer valer que los menores de edad no puedan abrirse una cuenta, habrá que obligar a todas estas mastodónticas corporaciones a que no valga con una simple declaración para poder acceder a sus servicios. La otra opción es asumir que cualquier persona, independientemente de su edad, pueda disfrutar de esas redes sociales. Lo que no parece de recibo es que el legislador piense que al ser menores de edad no son maduros para ese tipo de cosas y, simultáneamente, se tolere el acceso de menores de edad a esas redes. Continuar leyendo «Leyes, ¿para qué?»